PRÓLOGO
El alma es el impulso oculto que anima cada respiración, toda alegría, las esperanzas, los sueños y los proyectos de nuestra vida.
En el alma tenemos el contacto sutil de la inspiración y la fuerza prodigiosa del heroísmo.
Del alma brotan la perseverancia y la consagración, que convierten en una tarea sagrada toda labor.
En el alma nace la responsabilidad que, en la hermanda, nos señala el primer paso hacia la auténtica humanidad.
En el alma, la inclusividad es una capacidad que nos lleva a respetar, tolerar y honrar la infinita diversidad.
Del alma nos viene la participatividad, una condición que hace del compartir el sentido de vivir.
La paz que nace del alma, inunda nuestra vida de serenidad y calma.
Cuando el amor es amor del alma, se ama para la libertad.
La sabiduría del alma, nos lleva a reconocer lo que en la vida es esencial.
Sentido de nuestros sentidos, motivo de la existencia, voz de nuestra consciencia, el alma es el maestro interior que inunda nuestro corazón de una profunda alegría, que da levedad a la vida. En el alma podemos sentir ese estado de gratidud inmensa -la gracia- que lleva su luz serena a los lugares donde reina la oscuridad.
Estas páginas, cuya base han sido algunas charlas para los grupos de apoyo y crecimiento personal en Medellín, no pretenden una verdad más; no son una invitación religiosa o científica; son tan sólo una propuesta para que, despertando a la luz del alma, entre todos humanicemos la vida de cada día. Hacen parte de una serie que hemos denominado Vivir espiritualmente, cuya sola intención es servir.
El servicio es la nota clave del alma; si algunas de estas palabras despiertan el servidor que vive en ti, habrán servido al plan de luz y el amor. Si no es así, deja que sean como semillas de una consciencia que el viento de la vida se lleva, para sembrarlas en otras tierras.
Jorge Iván Carvajal Posada